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Villa Romana de Monroy (Cáceres)

Historia

• El yacimiento

Se encuentra en la finca Los Términos, al noroeste del casco urbano, en el lugar conocido como “Los Mochuelos del Tesoro”. La Villa Romana era una explotación agropecuaria, con una vivienda residencial con distintas dependencias en torno a un patio central. Destacan los mosaicos, del siglo IV d.C.

En el año 1971 comenzó la primera campaña de excavaciones, bajo la dirección del profesor D. José Rodríguez Hernández del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Salamanca. Posteriormente, y durante casi diez años, se asiste a un período de abandono total del yacimiento. Como consecuencia se produjo un gran deterioro de los mosaicos, que se habían dejado a la intemperie y sólo se cubrieron con una fina capa de tierra y arena pasados cuatro años. Los restos de muros de la edificación fueron desmoronándose y basas, capiteles, fustes de columnas, lápidas y otro material arqueológico que se había dejado in situ fueron desapareciendo. En 1981 se reanudaron de nuevo las excavaciones, bajo la dirección del Dr. D. Enrique Cerrillo Martín, catedrático de Arqueología de la Universidad de Extremadura, y continuaron de forma ininterrumpida hasta 1985.

En términos generales, una villa romana es un centro destinado a producir y transformar los bienes agrarios, agrícolas y ganaderos. Aunque es frecuente entender por villa romana exclusivamente la vivienda del dueño, el concepto válido es el primero, si atendemos a la organización-división en tres partes que hacían los romanos. La primera de ellas era la llamada urbana, zona de residencia del propietario y su familia y de los campesinos, siervos y esclavos que tenían a su servicio. La del propietario era, lógicamente, de mayor extensión que las segundas. La denominación urbana responde al hecho de que en ellas se intentaba reproducir no sólo el plano, sino el lujo y las comodidades de las viviendas de la ciudad. La segunda era la parte rústica, lugar de trabajo de la propiedad, constituida por almacenes, áreas de trabajo, establos, hórreos, etc. Por último, la fructuaria, que correspondía a los espacios destinados a la elaboración de los productos agrarios obtenidos como molinos, lagares, hornos, lanera, etc.

El fundus romano de Monroy no está lejos de los centros políticos y económicos más importantes de la zona: la colonia Norba Caesarina y Emérita Augusta, distantes aproximadamente 12 millas romanas la primera y poco más de 60 la segunda. Asimismo, la distancia que separa la villa de la calzada de la Plata -Alconétar- es de 15 millas, recorrido que podía hacerse en una caballería cargada en menos de una jornada.

• Técnicas constructivas y materiales

Prácticamente todos los edificios conocidos se elevaron sin apenas zanja de cimentación y en ocasiones el muro monta directamente sobre las floraciones de pizarra natural, con una altura aproximada entre 50 y 60 cm. y un grosor medio de 60 cm. Esta construcción forma una especie de zócalo de sustentación a base de bloques de cuarzo blanco cortado o mampuesto irregular de pizarra, unidos con barro o mortero de cal y arena. La parte superior de los muretes estaba perfectamente nivelada y rematada con una capa de mortero de cal bien alisada sobre la que se elevaba el resto de la pared con tapial. Todo ello se revocaba, tanto en el interior como en el exterior y se encalaba o decoraba con estucos en las habitaciones más importantes.

Estas estructuras serían suficientes para soportar peso y empujes de las cubiertas, que debieron de ser todas de madera, a una o dos aguas, con vigas apoyadas sobre el muro, colocándose encima una tablazón que se cubría con tegulae e imbrex (tégulas romanas planas con rebordes). Una parte de las dependencias agrícolas tendría cubierta vegetal, de retamas o bálago.

También se encuentra el ladrillo, empleado principalmente para escuadrar los huecos de las puertas en forma de jambas o pilares, en algunas esquinas y en los arcos que daban acceso a los ábsides de las habitaciones. Los más frecuentes son rectangulares, aunque había algunos cuadrados, de 25 por 25 cm, y semicirculares. El mármol es el material con el que se elaboran todos los elementos de las columnas del peristilo (basa, fuste y capitel). El granito únicamente aparece en las lápidas funerarias relacionadas con la villa y en forma de sillares en las termas.

Los tipos de pavimento más usados son: el mosaico, en las habitaciones principales de la vivienda residencial; el de lajas de pizarra, que cubría tanto el solado de la galería que rodea al peristilo como el pasillo de entrada a la vivienda del propietario; el opus signinum, que revestía el suelo de la lanera y algunas zonas de las termas, y la tierra batida, en la mayor parte de las habitaciones.

• La vivienda principal

Tiene una disposición centralizada en torno a un patio o peristilo de influencia helenística. El peristilo lo conforma un amplio espacio rectangular de unos 150 metros cuadrados. A su alrededor en sus lados Norte y Este se levantaba un podio construido en pizarra donde se empotraban cinco y seis columnas de mármol, respectivamente, de casi dos metros de altura y órdenes distintos. Este patio porticado se rodea de una galería de 2,80 m. de anchura con pavimento de lajas de pizarra azuladas, rectangulares y perfectamente colocadas, alternando unas con otras en sentido perpendicular y paralelo al eje del pasillo.

El acceso principal a la vivienda se realiza a través de un pórtico, en el que se prolonga el pavimento de pizarra de la galería, que estaría cubierto por un tejaroz cuyo dintel se apoyaba en dos columnas marmóreas. El vano comunica la galería con el amplio corral o patio de distribución en el que se encuentran los talleres y viviendas secundarias. En torno a los cuatro lados de la galería, con acceso desde ella, se distribuyen las habitaciones más importantes de la vivienda principal. Se han sucedido varias reformas sucesivas, desde finales del siglo III hasta el V d. C.

La habitación más importante es el oecus o tablinum, salón principal. Se sitúa en el lado opuesto a la entrada y con grandes dimensiones, pavimento de mosaico, ricos estucos en las paredes etc. Normalmente se remata en un ábside semicircular. Le sigue en importancia el comedor o triclinium de parecidas características, aunque de menor tamaño. Las demás salas, cuadradas o rectangulares, con o sin mosaicos, son habitaciones dormitorio o cubícula.

• Los mosaicos

Destacan los de la sala principal, que consta de dos sectores, arquitectónica y decorativamente diferenciados: el ábside y la estancia propiamente dicha. El ábside está formado a base de teselas pequeñas de un cm de lado, de material poroso, calizo y de forma cuadrada irregular. Los colores son: azul claro para delimitar las figuras, rojo oscuro, marrón y ocre como colores de relleno y ocre claro para los fondos. La gran sala tiene forma cuadrada. Las teselas, también de factura irregular, son algo mayores (1,5 cm de lado por término medio). Los colores varían: blanco para los fondos y bandas, negro azulado para filetes y contornos de figuras y marrón y rojo rosáceo para relleno de las mismas. El esquema general es un cuadrado formado por cuatro rectángulos que enmarcan un cuadrado central.

Como repertorio decorativo, las composiciones más frecuentes son: cruces y octógonos, dameros de triángulos, escudos centrales cuadrados, círculos y cuadrados, franjas de cuadrados y rectángulos y estrellas de rombos. Con orlas de enmarque trenzado o de esvásticas. En el interior de las figuras destacan los temas florales y vegetales y los puramente geométricos.

Gran parte de los motivos que decoran los pavimentos de la villa de Monroy aparecen ya en Roma a finales de la República y principios del Imperio (la composición general de la sala nº 1, el damero o los triángulos, el escudo de triángulos curvilíneos, la composición de la habitación nº 2, la estrella de rombos de la nº 6, etc.) pero dejan de usarse durante los siglos II y III para renacer a partir del siglo IV. Hay otros motivos propios de la época del Bajo Imperio, como la composición de octógonos y cruces y los círculos secantes formando estrellas. Aparte del mosaico de la habitación nº 14 y el ábside de la sala 1, que corresponden a finales del siglo III o principios del IV, los demás mosaicos que decoran la villa datan de finales del siglo IV o principios del V.

 

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